Canarias, la tierra de mis amores
Artículo escrito por: Carlota Pobeda de Manuel
Hoy es el Día de Canarias y hay mucho que celebrar, pero hacerlo mirando hacia otro lado no es orgullo sino anestesia
Ser canario está de moda. Hemos conquistado la música urbana, también el deporte, y ahora todos miran a Canarias con otros ojos. Se nota en las conversaciones, en el incremento del turismo nacional y en el orgullo colectivo que ha inundado las calles. Playas con encanto, bosques infinitos, clima constante y ese contraste entre mar y monte afloran en nuestra mente cuando pensamos en el archipiélago. Pero que el mar, el sol y el acento no nos impida ver la realidad: Canarias es un infierno para los residentes.
Canarias siempre ha sido el paraíso de alguien, el problema es que ese alguien, casi nunca, hemos sido nosotros. Una tierra históricamente ligada al sector primario, que ha respetado las tradiciones y que se ha visto vendida, de manera injusta, a los de fuera. Hablo del turismo, que es el supuesto motor de nuestra economía y un sector que se consolida entre los más potentes a nivel global. Ya nadie se escandaliza cuando decimos que a nuestras islas han venido 18 millones de visitantes, ni siquiera cuando lo comparamos con otros territorios mucho mayores en extensión, como Brasil, y que, aún así, no reciben ni la mitad de personas que Canarias.
Es normal pensar que con estas cifras y la fama mundial que el archipiélago ha ido adquiriendo con el paso de los años, los canarios nos podemos permitir, como piensan algunos, trabajar poco y estar todos los días en la playa. Nada más lejos de la realidad. Canarias es la segunda comunidad autónoma con los salarios medios más bajos de todo el país. El trabajo en servicios y hostelería, el más frecuente en las islas, es estructuralmente precario. Los contratos son mayoritariamente temporales, las jornadas se alargan o tienen horario partido y los convenios colectivos están entre los peor pagados. La llegada masiva de turistas y residentes extranjeros con mayor poder adquisitivo encarece la vida mientras los salarios locales no suben al mismo ritmo porque el mercado laboral sigue siendo el mismo de siempre. En definitiva, el turismo es un motor potente pero sucio. Mueve mucho, contamina mucho y calienta poco a quienes viven al lado de él.
Lo peor es que esa precariedad no es nada nuevo para los canarios. Es, en muchos casos, una herencia. Casi un tercio de la población canaria vive en riesgo de pobreza o exclusión social, datos que superan incluso la media nacional. La pobreza se ha convertido en estructural en Canarias y parece que ya nadie está preocupado en revertir esta situación. Oímos hablar mucho de diversificación económica aunque la realidad refleja que en Canarias no hay industria, no parece que se avance en otros sectores (o al menos con la rapidez que necesitamos) y el panorama se ha convertido en un círculo vicioso de precariedad.
Mientras tanto, los jóvenes hacen las maletas: dos de cada tres jóvenes canarios emigran tras estudiar por falta de oportunidades laborales. Casi el 10% de la población canaria vive hoy fuera de las islas, un dato que en solo una década se ha duplicado. La migración siempre ha formado parte de nuestra historia, aunque ahora la estamos viendo con tintes diferentes. Jóvenes que tienen aspiraciones de crecer dentro del archipiélago pero que se ven obligados a marcharse y encontrar una vida fuera ante la falta de oportunidades reales. Tenemos un territorio que crece en población, turismo y actividad económica pero que, sin embargo, es incapaz de retener su talento. Canarias necesita avanzar hacia una economía que sea capaz de adaptarse a la realidad actual, de ser atractiva para los nuestros y que se convierta en una opción segura para el proyecto de vida de los canarios.
Para quien quiere quedarse, la vivienda se ha convertido en el último impedimento. En la última década, compradores extranjeros se han hecho con el 35% de todas las viviendas vendidas en las Islas. Un problema que se suma a las largas listas de espera en sanidad, a la movilidad, al aumento de abandono escolar o al absentismo laboral.
Hoy es el Día de Canarias y hay mucho que celebrar, pero hacerlo mirando hacia otro lado no es orgullo sino anestesia. No podemos dejar de lado que esta es la realidad de nuestro archipiélago porque el conformismo es mediocridad. Nos toca defender esta tierra no solo con la bandera, sino exigiendo cada día unas condiciones que nos permitan vivir aquí con dignidad, quedarnos, echar raíces y criar familia si queremos. En definitiva, que el que nazca en estas islas no tenga que elegir entre su tierra y su futuro. Desde la cumbre bravía hasta el mar que nos abraza, no hay tierra como la mía ni raza como mi raza. Y no podemos permitir que el precio de vivir en el paraíso lo paguen siempre los mismos.
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