El Hospital del Sur, muchas promesas y décadas de abandono

Artículo escrito por: Javier Feo

"Por mucho que las autoridades sanitarias del Archipiélago intenten maquillar la realidad, la situación no se sostiene"

La parálisis que sufre el Hospital del Sur, el conocido como hospital de El Mojón, ya no admite más excusas ni justificaciones. Por mucho que las autoridades sanitarias del Archipiélago intenten maquillar la realidad con discursos técnicos o anuncios reciclados, la situación no se sostiene. No es un problema puntual ni una dificultad sobrevenida porque es el resultado de décadas de promesas incumplidas, de decisiones aplazadas y de una falta de voluntad política que ha terminado convirtiéndose en un maltrato continuado hacia el sur de Tenerife y también hacia la isla de La Gomera.

El edificio está ahí, visible, como un símbolo incómodo del abandono institucional. Un hospital a medio hacer, paralizado, que recuerda cada día a la ciudadanía que la salud, cuando se vive lejos de los grandes núcleos de poder, parece valer menos. Mientras pasan los años, la población crece, envejece y demanda más y mejores servicios sanitarios, pero las respuestas siguen siendo las mismas.

La sensación de impotencia es generalizada. Vecinos y vecinas del sur llevan demasiado tiempo escuchando palabras vacías, anuncios grandilocuentes y compromisos que se evaporan con cada cambio de legislatura. Da igual el color político del gobierno de turno porque todos han prometido finalizar y ampliar el Hospital del Sur, y todos, sin excepción, han fallado. Especialmente sangrante resulta comprobar cómo, cada vez que se acercan las elecciones, el hospital vuelve a ocupar titulares y discursos, para desaparecer de la agenda en cuanto se cierran las urnas.

No estamos hablando de una infraestructura cualquiera. Estamos hablando de salud. De urgencias saturadas, de derivaciones interminables, de pacientes que deben recorrer kilómetros para recibir atención especializada. Estamos hablando de profesionales sanitarios que trabajan con recursos limitados y de una comarca entera que siente que su derecho a una sanidad pública digna ha sido relegado a un segundo plano.

Ya está bien de tanta tomadura de pelo. La ciudadanía está cansada, harta de escuchar las mismas explicaciones de uno y otro gobierno, cansada de ver cómo se anuncian millones que nunca se traducen en obras reales. No se puede seguir justificando lo injustificable ni normalizando un abandono que dura demasiado tiempo. Cada año perdido es una oportunidad menos para mejorar la atención sanitaria de miles de personas.

Es hora de que los responsables políticos se pongan, de una vez por todas, el mono de trabajo. Sí, quizá sea mucho pedir, pero no estaría de más que, al menos en un asunto tan sensible como la salud, se actúe con seriedad, compromiso y responsabilidad. 

Menos propaganda y más hechos. Menos promesas y más plazos cumplidos. Porque la salud no puede seguir siendo rehén de la inacción política ni moneda de cambio en campañas electorales.

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