Pongamos que hablamos de Arico

Artículo escrito por: Norberto Chijeb

Es el segundo municipio más extenso de Tenerife, casi la mitad que La Gomera, pero apenas tiene nueve mil habitantes censados y todos en pueblos muy dispersos

Es el segundo municipio más extenso de Tenerife, casi la mitad que La Gomera, pero apenas tiene nueve mil habitantes censados y todos en pueblos muy dispersos. Presume de tener la mejor bodega comarcal de la isla y el mejor aceite de oliva. De monumentos naturales como un arco de piedra o un pino Esrengado, y de una de las pocas cofradías de pescadores que aún funcionan, gracias a los 24 valientes pescadores de Tajao. Sí, pongamos que hablamos de Arico.

Sin embargo, Arico no está en condiciones de presumir, porque lleva casi 40 años siendo el cementerio de la basura que generan todos los tinerfeños, como en su día fue la tierra elegida para los leprosos.  Las arcas municipales reciben casi un millón de euros al año por acoger los desperdicios de toda la isla, pero sus vecinos tienen uno de los peores servicios de recogida de basura y encima tienen que pagar como cualquier cristiano.

De igual manera Arico dispone del mayor suelo destinado a parques eólicos y sus campos otrora dedicados a la agricultura están hoy plantados de placas fotovoltaicas, y los ariqueros no pagan menos por la luz, como sí hacen los habitantes tarraconenses de Flix por tener una nuclear (Ascó) o una empresa de insecticida en su entorno.

Y no importa que se destrocen yacimientos arqueológicos, que se implanten por debajo de la autopista, o que los molinos interfieran en un monumento etnográfico como las históricas casas de Icor. Aquí se habla del interés general cuando está por medio Disa, alguna otra multinacional o los propios intereses políticos del Gobierno de turno, sin importar lo que piensan los vecinos de Arico, en este caso. Solo se paró un complejo hotelero en Abades, en la antigua leprosería, pero eran los tiempos en que Valbuena era el estandarte medioambiental de un gobierno escorado a la izquierda.

No sé en realidad lo que habrá hecho Arico para merecer tanta desgracia, tanta desidia de sus políticos, casi siempre los mismos en los últimos quince años, incapaces de llevar la luz a Fuente Nueva o el piche a Chajaña, de urbanizar o recepcionar como Dios manda Las Ceras (la ariquera, que la de Fasnia da gusto verla) o de terminar una plaza que va camino de superar la gran muralla china, y todo eso con 30 millones de ahorro. Y luego votan para que los alcaldes o alcaldesas den nombre a unas calles. Vaya con el don de la oportunidad. Pongamos que hablamos de Arico.

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