Encharcar el terreno de juego
Artículo escrito por: Norberto Chijeb
“Lamentablemente la polarización política está llegando a unos cauces irrespirables, impropios de una sociedad madura como la europea”
Lamentablemente la polarización política está llegando a unos cauces irrespirables, impropios de una sociedad madura como la europea. No es solo una cuestión española, que también, que se extiende como un reguero por todos los países, quizás desde que Donald Trump triunfara en Estados Unidos.
Precisamente el triunfo del magnate en dos elecciones americanas -y esperemos que no termine por cambiar la vieja constitución de Washington y aspirar a un tercer mandato- ha sembrado su legado histriónico y autócrata por todo el mundo, gracias a esa globalización que importan las redes sociales, el gran poder que ha sabido utilizar la derecha más extrema para ser hoy la primera opción política en muchos países demócratas del planeta, aprovechándose de la falta de sintonía entre los jóvenes y los viejos partidos socialista o socialdemócrata y liberal o demócrata cristiano.
En una sociedad polarizada, donde todo es negro o blanco, triunfan los extremos, no solo por ser incapaces de unirse, sino siquiera acercarse. Y en este panorama ganan aquellos que tienen el insulto como estímulo, que gritan más o que reciben más "me gusta" por sus tuits o memes más ofensivos. Estamos en la política espectáculo, esa que impuso Trump hace diez años o aquí, a semejanza, pero por la izquierda, el 15-M.
Y en esta política no se trata de tener el mejor programa electoral; para qué, si luego no lo cumples y te quedas tan ancho con "no he mentido, ha sido un cambio de opinión". Se trata de saber encharcar el campo de juego, importa bien poco si se trata de un bulo o no, lo que importa es sobre todo poner sobre el campo aquello que quieres de lo que se hable, y en esa batalla se han enfrascado todos o casi todos, como el Gobierno español y el PSOE, para contrarrestar al PP de Ayuso, sin importarle siquiera que esa guerra puede que la gane al PP de Núñez Feijóo , pero a costa de darle munición y potenciales votos a la ultraderecha de Vox, que va camino de alcanzar 20% en intención de votos. Uno de cada cinco españoles votaría a Abascal.
Ya no importa que la economía vaya bien, dentro de lo que cabe; que hayamos sacado la cabeza del fango después de la pandemia, o que España no se rompa, con o sin amnistía, con o sin indultos, con o sin corrupción. Aquí lo que importa es imponer el relato y que se hable del genocidio en Gaza o de la "batucada" de la Flotilla de la libertad, que no es que esté mal, pero no para asistir ante tanta división cuando el 80% de los españoles asume que lo de la acción del Gobierno de Israel sobre los civiles palestinos es una barbarie, un crimen de guerra.
Pero ahí están, tirándose los trastos, como lo hacen con migración o vivienda, problemas de índole nacional en donde nunca se debería encharcar el campo, se debería jugar limpiamente sobre él, y encontrar entre todos una solución con luces largas, aparcando el cortoplacismo de nuestros políticos, enredados, por otra parte, en el "y tú más" cuando le sacan los colores por una gestión corruptela. País.
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